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Por: Jordi A. Correa de Alberti

Las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) poseen un significado trascendental y de suma importancia para la economía de México. Son el pilar y el soporte de la actividad económica, puesto que generan aproximadamente el 72% del empleo formal y el 54% del Producto Interno Bruto de nuestro país; además de la contribución creciente a la producción y distribución de bienes y servicios más específicos al sector privado y gobierno. El fortalecimiento de las PYMES se traduce en la creación de más y mejores empleos, crecimiento sostenido del mercado interno, combate a la pobreza, mayor eficiencia en la distribución de la riqueza y un impulsor esencial del desarrollo económico. Dada su naturaleza, tienen la facultad de crecer para llegar a transformarse en empresas grandes, participando así en el crecimiento económico regional.

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Para estimular el crecimiento de las PYMES, se requiere de mecanismos de financiamiento más eficientes que propicien el acceso a mayores créditos con costos asociados menores, mayor innovación en los productos e instrumentos ofrecidos por la banca privada y la banca de desarrollo, institucionalizar a las empresas, aumentar la interacción con las grandes empresas, actualizar sus tecnologías, reducir la economía informal y robustecer el capital de riesgo disponible para la inversión generando confianza entre los inversionistas. Lo anterior supone un gran desafío en todos los niveles para transformar la organización productiva y con ello enriquecer la calidad de vida de los mexicanos. Es fundamental hacer frente a la marcada deficiencia existente en la administración financiera, en el manejo de sus recursos humanos y en la administración interna de la mayoría de estas empresas. Aunado a esta problemática, existe la proliferación de la economía informal, misma que no genera ingresos fiscales, se encuentra sustentada en el contrabando y fomenta la competencia desleal en detrimento de las Pequeñas y Medianas Empresas.

La mayoría de las PYMES del país son afectadas de manera negativa por el tipo de cambio no competitivo en comparación con los países a los que se exporta, un entorno global mucho más competitivo, trámites burocráticos complicados, pero sobre todo, un ambiente poco propicio para la inversión en este rubro a diferencia de las grandes empresas. Este tipo de empresas sufren además de la falta de innovación tecnológica al emplear procesos productivos arcaicos. Datos del Banco de México revelan que las principales fuentes de financiamiento para las empresas son: proveedores (83.2%), banca comercial (36.2%), otras empresas del grupo corporativo (27.3%), bancos extranjeros (6.5%), emisión de deuda (2.3%) y banca de desarrollo (4.8%). En contraste, México se ubica en el lugar 53 de 189 países evaluados por el Banco Mundial durante el periodo 2012-2013 dentro del ranking “Doing Business 2014” que mide la facilidad que un empresario o inversionista tiene para poner en marcha una PYME.

Resulta de vital importancia reforzar las políticas públicas integrales encaminadas al apoyo que recibe este sector con el objetivo de contribuir a mejorar las condiciones que propicien su constitución, expansión, desarrollo, competitividad y consolidación, así como las herramientas que coadyuven a encarar la incertidumbre del contexto económico internacional a la que están sujetas. Es necesario también impulsar la promoción de oportunidades de negocio a través de foros empresariales que faciliten la propagación de información sobre los programas públicos y privados orientados a impulsar la sustentabilidad económica de este tipo de empresas. Esta información debe presentar de manera clara las opciones de financiamiento con las que cuentan y las nuevas tecnologías disponibles hoy en día enfocadas a aumentar las posibilidades de éxito. A través del Instituto Nacional del Emprendedor, el Gobierno Federal ha impulsado el apoyo a las PYMES para acelerar el crecimiento económico de México, lo que generará mejores condiciones para incentivar el financiamiento y la base para su estabilidad. Este Instituto tiene como finalidad fomentar el desarrollo económico nacional mediante el fortalecimiento de este sector en particular, consolidando una economía dinámica y competitiva logrando de esta manera, un adecuado equilibrio para la cohesión social. También, contará con un presupuesto 20% mayor al asignado para 2013 y continuará con iniciativas que promueven el crecimiento económico, tal y como fue la realización del Buen Fin 2013, donde por primera vez participaron de manera conjunta la iniciativa privada y el gobierno federal. A su vez, Nacional Financiera (NAFIN) ha establecido ciertos criterios a efecto de integrar a las PYMES al proceso de globalización económica, promover el acceso a servicios financieros e impulsar proyectos sustentables de estas empresas. En concordancia con estas acciones, Reformas estructurales como la hacendaria y fiscal, buscan simplificar el régimen fiscal, eliminar ciertos impuestos y de manera muy particular, promover la formalidad de la economía. Se han hecho cambios muy importantes aunque aún no sustanciales, México continúa sin tener un crecimiento económico sostenido pero se está caminando hacia la consolidación de este sector empresarial que aporta sustento a la economía del país.

Notoriamente contamos con una base sólida de PYMES en nuestro país, lo cual debe de aprovecharse para convertir lo anterior en una ventaja positiva para atraer nuevas inversiones y fortalecer nuestros bienes y servicios tanto dentro como fuera del país. Para que México prospere, tenemos que hacer que las PYMES crezcan. Los programas de fomento al sector productivo cuentan con una fortaleza institucional que recaen de manera relevante en las características y capacidades de las PYMES. Los recursos dedicados hacia las Pequeñas y Medianas Empresas han aumentado considerablemente, pero aún están por debajo de otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Existen grandes retos macroeconómicos que vencer, hace falta elevar los bajos niveles de productividad para lograr un crecimiento equivalente al de los países miembros de esta organización. Sin lugar a dudas las PYMES deben cumplir un papel destacado y fundamental en el progreso económico; a la par del crecimiento de las PYMES aumentará la calidad media de vida de los mexicanos y México será un país más competitivo.

“Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente”, Peter Drucker

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