El shale gas y el shale oil son hidrocarburos que están generando una revolución en la dinámica energética a nivel global, ya que a largo plazo su uso es considerado como una opción de energía barata y de transición entre las fuentes de energía renovables y no renovables que podrían llegar a redefinir la seguridad energética de nuestro planeta. México no es la excepción, según reportes de la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA, por sus siglas en ingles), nuestro país ocupa el cuarto lugar como potencial productor de este tipo de hidrocarburos en el mundo. Esta misma entidad estima que al cierre del 2012, el 29% de la producción total de petróleo crudo y el 40% de la producción total de gas natural en Estados Unidos provinieron precisamente del oil y gas shalerespectivamente, en consecuencia, su importancia económica y financiera. No obstante, debido a las complejidades técnicas y altos costos de desarrollo e investigación, la interrogante recae en si es económicamente factible explotar su potencial y convertir a México en un exportador activo de esta fuente de energía. Actualmente se están llevando a cabo diversos esfuerzos a nivel global enfocados en la desregularización del mercado para que tanto los gobiernos, como la iniciativa privada, inviertan y compartan costos y riesgos en temas como comercialización, investigación y desarrollo, ingeniería, etc.

Shale_BinsLos hidrocarburos shale se encuentran contenidos en formaciones geológicas cuyas estructuras son casi impermeables, no son yacimientos, lo que imposibilita su ascenso a la superficie. Para extraer el gas natural o el petróleo, es necesario realizar un proceso conocido como fracking que no es otra cosa más que “romper” la roca de manera hidráulica para aumentar su permeabilidad permitiendo de esta manera que los elementos fluyan a la superficie. Para este proceso, se requieren cantidades enormes de agua combinadas con químicos son necesarias para taladrar el suelo tanto de manera vertical como horizontal. Supuesto esto, para mantener los niveles de producción, es necesaria una perforación constante de nuevos pozos o zonas por lo que la explotación de shale gas y oil traen a la mesa un debate ecológico muy intenso, pues se argumenta que su explotación conlleva una contaminación de los mantos acuíferos y terrenos aledaños a las zonas de perforación por los residuos químicos utilizados; sin embargo, avances tecnológicos han permitido que estos métodos sean mucho más eficientes y menos dañinos para el medio ambiente, permitiendo así una rentabilidad mayor en su producción. Dada la complejidad para su extracción y las características de la misma, se denominan como energía no convencional.

Aunado al tema ecológico y medioambiental, existe la polémica que generará en torno a la reforma energética, sin duda será un tema controvertido desde el punto de vista económico también, ya que sin esta reforma, el sector energético podría entrar en crisis. México ha atravesado por una disminución considerable en la producción de petróleo en los últimos años, así mismo, la producción de gas natural no alcanza para cubrir la demanda nacional aumentando así, significativamente las importaciones de este hidrocarburo. A nivel mundial, la producción y las reservas crecen y los precios continúan bajando. Para nuestro país, resultaría en una reducción en las importaciones de energéticos a medida que la producción nacional de shale aumente. No es fácil estandarizar la explotación de estos recursos por la complejidad técnica y los costos tan elevados, es por ello, que la inversión privada directa en este rubro es de vital importancia, se requiere de una inversión intensiva de capital para alinear la estrategia de largo plazo en esta industria que ha venido evolucionando de manera más eficaz a medida que se gestiona la competencia de las empresas para obtener modelos de negocio mucho más flexibles. Cambios estructurales a las leyes actuales darían la certidumbre que los inversionistas están buscando. El marco regulatorio vigente para la exploración y extracción de energéticos es incompleto y arcaico. El shale es un detonador de impulso del sector energético, México requiere de esta reforma para poder encarar los retos de competitividad y productividad que traerá el futuro en temas de energía. Es sumamente riesgoso que el Gobierno Federal sea el que asuma este riesgo de manera unilateral; éste debe involucrar a inversionistas privados y permitir la disminución de estos riesgos sin que el Estado mexicano tenga que ceder el dominio de nuestros recursos naturales. Conforme la inversión en shale sea cada vez mayor, se podrá avanzar en nuevas tecnologías que mermen el impacto negativo hacia el medio ambiente, como pueden ser, la reutilización de agua, incluso, aplicar la desalinización de agua de mar para este proceso. La recuperación de la inversión en la explotación y producción de shale depende principalmente de tres factores: (i) los costos de perforación; (ii) la cantidad de petróleo o gas producido a partir de la extracción; y, (iii) de los precios de comercialización. Los beneficios económicos para México pueden ser mayúsculos siempre y cuando esta actividad se regule adecuadamente sin perpetrar en consecuencias negativas tanto para la soberanía de los recursos naturales como para el medio ambiente. La inversión en esta actividad crearía empleos calificados a nivel nacional, aumentaría nuestra competitividad en relación a mercados maduros como Europa y Estados Unidos, contaríamos con certeza en la demanda energética de largo plazo, estabilidad de precios y una fuente significativa de ingresos a través de impuestos que se cobrarían a las empresas que se enfoquen en proyectos de shale.

El futuro de México como productor de este tipo de hidrocarburos debe estudiarse exhaustivamente y la prioridad debe centrarse en los beneficios económicos de largo plazo que una inversión significativa en esta tecnología conllevaría. Se requiere implementar un marco normativo integral capaz de garantizar la sustentabilidad de este tipo de extracción que proteja a todos los actores involucrados de esta creciente industria con el fin de asimilar la dirección y el futuro de la misma. Normas de rendimiento para la protección de la calidad del agua, el clima y el aire deberán evaluarse de manera constante e imperativa por parte de las autoridades ambientales de nuestro país, inclusive, se deberá contar con una evaluación independiente por parte de terceros para certificar que las empresas cumplan y mantengan niveles estandarizados internacionales. Para los interesados en la evolución de los mercados mundiales de combustibles fósiles como México, resulta imperativo evaluar la magnitud y el alcance que tiene el shale y las implicaciones económicas que en el futuro se vislumbran.

¿Está México preparado para enfrentar el reto de una Revolución Energética?

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