La administración y gestión de riesgos financieros, es una rama sumamente especializada de las finanzas corporativas, misma que se ocupa del manejo y exposición ante el riesgo, a través – en la mayoría de los casos – de la utilización de instrumentos derivados con un enfoque estructurado, para regir la incertidumbre ante una amenaza de riesgo, complementado con estrategias de mitigación. Las crisis financieras de los noventa y sobre todo la crisis global que se detonó en el 2007, reafirmaron la ineludible necesidad de contar con una administración de riesgos robusta y sistemática en los sistemas financieros del mundo para el oportuno funcionamiento de los mercados y el sector bancario. Hacer caso omiso de la gestión de riesgos, contribuye negativamente al crecimiento de la economía en su conjunto. Para tener un sector financiero resistente ante estas incógnitas, los bancos han mejorado substancialmente su capacidad para enfrentar perturbaciones procedentes de tensiones financieras o económicas de cualquier tipo, minimizando con ello el riesgo de propagación desde este sector hacia la economía real. Los conflictos por los que cruzaron la mayoría de los sistemas financieros mundiales fueron atribuidos a la carencia de una gestión de riesgos integral adecuada a los tiempos actuales.

Asumir riesgos es una parte sumamente importante del negocio bancario, y desde el surgimiento de las instituciones bancarias, se ha llevado a la práctica la gestión de riesgos. Los bancos deben decidir que riesgos tomar, cuales transferir y cuales evitar por completo. Sin embargo, el cambio trascendental ha sido el grado de sofisticación ahora necesario para reflejar el entorno cada vez más complejo y acelerado que enfrentan. Existe una necesidad inherente de identificar los factores que impulsan la volatilidad del mercado y cuantificar los riesgos subyacentes a fin de gestionar las posiciones y las líneas de productos que ofrecen. Para las actividades de negocio, la medida de Valor en Riesgo (VaR) ha sido un avance primordial que ofrece a las instituciones una medida para calcular la pérdida esperada máxima de una cartera o portafolio durante un periodo de tiempo determinado para un nivel de probabilidad dado, proporcionando una base estadística sólida de los requerimientos de capital reglamentario que deben tener en activos los bancos.

Es por ello que el sistema bancario global ha sido sometido a severas presiones, advirtiendo la intervención de los bancos centrales para proteger el funcionamiento de las instituciones financieras. En México, se han invertido constantemente recursos en el desarrollo de políticas sensatas y comprensibles, así como en la mejora de los métodos y procedimientos para medir la gestión de riesgos de los bancos mexicanos. México es el segundo país en América Latina en magnitud del sistema bancario público y privado, después de Brasil. El Banco de México, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y otras instituciones, han enfocado su atención en el control y comprensión de las prácticas que abarcan la administración y gestión de riesgos de los bancos, dirigiendo sus esfuerzos de supervisión a las áreas de mayor riesgo. La complejidad, ritmo y volumen de las transacciones de los bancos, demanda que se evalúen sus riesgos mediante la revisión de la estructura y la eficacia en sus políticas, procedimientos y controles. Estos estándares están compuestos principalmente de valorativos específicos que se han compaginado con normas internacionalmente aceptadas. Contar con una administración y gestión de riesgos de vanguardia, genera beneficios tangibles e intangibles para las instituciones financieras que lo aplican, dichas instituciones tienden a ser las más activas en los mercados internacionales de dinero, capital e instrumentos derivados, donde los participantes están más y mejor informados, las transacciones son más eficientes y los datos son más oportunos. Claramente, todos los bancos deben aprovechar las nuevas tecnologías y mantener el ritmo con las innovaciones del mercado para seguir siendo competitivos, la tecnología y la innovación financiera facilitan la gestión de riesgos y dan cabida a mecanismos de exposición de riesgos más sofisticados. Cabe destacar que las técnicas más sofisticadas de gestión serían inútiles si los incentivos del entorno operativo son deficientes o peor aún, si se ignoran los principios de gestión de riesgo fundamental. En este sentido, la alineación de los objetivos de la política monetaria y fiscal en el ciclo económico ayuda a mermar la volatilidad inducida por los factores exógenos.

La gestión y administración de riesgos integral ha surgido como una unidad altamente estratégica dentro de las instituciones financieras y la estructuración adecuada de estos riesgos y la prevención de los niveles de perdida son críticos en el entorno financiero actual. Una ventaja competitiva que puede impulsar a los bancos a tener una mejor calificación externa, una mejor reputación y un significativo aumento en su capacidad de reunir capital en momentos de incertidumbre económica. En la actualidad, la mayoría de los bancos administran el riesgo por unidades de negocio (riesgo de capital, de liquidez, de mercado, operativo y de crédito), por lo tanto, es necesario implementar un enfoque integral para contar con un panorama completo en cuanto al grado de riesgo que se asume ante cualquier actividad financiera. Los bancos en México están tomando medidas y pasos concisos para administrar los riesgos de manera proactiva y sistemática, con un nuevo enfoque que ayudará a generar la capacidad de recuperación y desarrollo mediante la adopción de reglas uniformes de regulación, tanto a nivel nacional como internacional.

“Los hombres sabios dicen, y no sin razón, que todo aquél que quiere prever el futuro tendrá que consultar el pasado” –Niccolò di Bernardo dei Machiavelli

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